Sin retorno…

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Los días pasaron volando, como si el tiempo no existiera entre nosotros y el mundo.

Cuando me di cuenta, tenía que volver al pueblo donde se encontraba mi casa y mi trabajo…

La verdad es que tenía una sensación agridulce. Por un momento me olvidé de todo, pero cuando me acosté en la cama, el mundo se volvió a caer sobre mis hombros.
No terminaba de encajar en ningún lugar, ni con ninguna persona, ni siquiera conmigo misma. Siempre tenía que salir huyendo, costara lo que costara, y, al final, llega un momento en el que te agotas y no puedes más.
Y esa era la sensación que desprendía mi cuerpo. Una sensación que jamás podré olvidar, pero que de una vez por todas tenía que empezar a cambiar. Estaba donde quería, me había ido sin mirar atrás, ¿tan difícil era?
Esa noche no quise saber nada de nadie. Cuando todo pesaba, yo desconectaba del mundo y ponía el modo avión.

Me dispuse a dormir, cuando de repente, alguien tocó la puerta de mi habitación.

Un despertar fuera de lo común..

 

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Desperté a Luis, nos sentamos a desayunar y yo no podía ni mirarle a la cara, como se nos había ido tanto la cabeza, no podía creerme que había acabado en la cama de mi amigo así por qué si.
¿Luis que pasó anoche ?

Mmm ¿no te acuerdas de nada ?

Si…bueno no la verdad que no lo último que recuerdo es que estábamos bebiendo sin parar y esta mañana me he despertado desnuda.

No pasó nada,solo nos besamos y nos desnudamos,pero en realidad no llego a pasar nada.

¿Enserio? Me dejas mucho más tranquila no por nada sino porque esto no está bien tú y yo somos amigos y no quiero estropear esto

Está bien no sigas,no tiene importancia disfrutemos del fin de semana.

Y así lo hicimos seguimos visitando miles de lugares, cogiendo el metro cada dos horas y trasladándonos a la otra punta de allí ,para allá, me sentía inundada en su compañía y en todo lo que sabía. Yo me sentía como una niña pequeña mientras le cuentan una historia.

Llevaba años sin saber nada sobre el,solo sé que se fue y nunca más supe de el hasta ahora.Siempre tuvo algo que marcaba la diferencia entre todos los demás,y aún seguía haciéndolo,seguimos hablando durante horas,y en medio de una conversación me dijo :

Creo que me he dado cuenta de cuando mientes,o cuando te molesta algo,te conozco mucho tiempo,pero nunca te había observado tan de cerca,vive los momentos que te ofrece la vida,ya has pasado por mucho ahora te toca vivir a ti.

Sus palabras se clavaron en mi pecho y por una vez en la vida,creo que alguien no solo me oía sino que me estaba escuchando tal y como era tal y como me sentía,y así es como tiene que ser,es difícil pero a veces cuando menos te lo esperas ocurre.
¿Que me estaba pasando ?

¿Qué?

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Decidí responder la llamada. Se trataba de un viejo amigo. Se había enterado de mi estancia en Australia y quiso saber de mí.

Estuvimos hablando durante un par de horas y decidimos vernos durante el fin de semana. No es nada fácil estar sola y menos no saber por dónde salir o siquiera, por dónde comer algo rico…

La semana estaba siendo bastante dura. Tuve algún que otro bajón pero mi amigo mantenía mi mente ocupada con los planes que teníamos pendientes.

Por cierto, no he mencionado su nombre, se llamaba Luís y era una persona encantadora, divertida y muy amable. La verdad que tenía un corazón que no le cabía en el pecho.
Quizás os estaréis preguntando qué fue del fotógrafo y don perfecto, el chico que dejé de lado sin dar más explicaciones…

Aún nos escribimos pero tuve que dejar todo bastante claro, no quise empezar nada porque ni yo misma sé si eso es lo que necesito en este momento. Lo que sí sé es que algo se quedó en el aire y la vida puede dar muchas vueltas. Creo en el destino y el destino cree en mí.

Cogí mi tren hacia Sydney . Me costó mucho tiempo encontrar la parada de metro indicada pero lo consiguí aunque me ponía muy nerviosa llegar a perderme en este país tan grande .

Cuando bajé del tren, Luis me estaba esperando. Nos abrazamos y parecía que no había pasado el tiempo por nosotros. Sí que es verdad que llevábamos años sin hablar, pero en dos horas nos habíamos puesto al día. Pasaron las horas y todo me parecía tan mágico, tan increíble. Era mi sueño. No me lo podía creer…

Fotografíaba cada una de las calles que por mis ojos pasaban. No puedo describir la sensación que tenía dentro de mí, me sentía grande y a la misma vez muy pequeña entre tanta belleza.

Aquella noche Luis me invitó a que durmiera en su casa. Él tenía un pequeño piso en la misma calle principal, y yo acepté encantada. La verdad que había pasado un día increíble y me apetecía disfrutar de una cena de obesos, de pizzas y mucha cerveza y seguir hablando durante horas…

Pasó algo que aún no me explico. Os contaré como fue. Cuando desperté mi reacción fue hacerme mil preguntas: ¿Qué? ¿Dónde estaba mi ropa? No no no porfavor que esto no sea verdad… ¡Estaba desnuda en la cama de Luis con él durmiendo a mi lado! ¿En serio había bebido tanto? Dios mío, otra vez no…

Aprendiendo del Mundo

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Y sí, allí estaba, en otro país, con otra cultura, otro idioma y muchas ganas de vencer todo lo que me frenaba. Me sentía libre, llena de vida. Aún así, no os podéis imaginar lo difíciles que fueron las primeras semanas.

Cuando te vas tan lejos de los tuyos, de tu casa, de tu ambiente, valoras mucho más todo lo que tienes, todo lo que sientes por los que quieres.
Las llamadas de mis padres me hacían llorar cada vez que descolgaba el teléfono. Mis amigas me llenaban de mensajes y llamadas el móvil. Todo esto era un sueño, otro sueño cumplido.

Os contaré algo: aquí, donde yo vivo, la gente cree que por tener dinero pueden desvarolizar a los demás. Hay conductas y actitudes que no son las más adecuadas. He trabajado bajo la lluvia con los niños, he comido un plato de comida al día, he dormido durante horas después de días agotadores y sobre todo he llorando durante días anhelando todo lo que me pertenecía.

No todo es de color de rosa. También os diré que he disfrutado de los paisajes, de las costumbres, de su fauna y del amor incondicional que puede aportarme mi trabajo. Estoy orgullosa de mi misma.
En estas semanas he comprendido que nunca es tarde para empezar de cero, que la vida a veces da segundas oportunidades a quien se lo merece.

Aquel día estaba pensando en mis cosas cuando, de repente, empezó a sonar mi móvil una y otra vez.

 

Intentando volar

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Me llenó de ilusión ese correo. Significaba mucho para mí. Me puse enseguida en contacto con el remitente. Las condiciones del trabajo estaban bastante bien, el sueldo no era una maravilla pero servía para cubrir los gastos mínimos.

Al fin y al cabo era una experiencia que quería vivir hacía muchos años. Todos mis pensamientos se pusieron en marcha. Hablé con mis padres y estuvieron de acuerdo en todo.

No era algo fácil. Volver a hacer las maletas y salir corriendo. Ahora no me iba a un par de horas de distancia sino que me iba a otro país.

Tras muchas planificaciones como concretar vuelos y realizar llamadas, lo tenía todo listo. Ahora solo hacían falta las ganas, las ganas de crecer y vivir todo lo que necesitaba.

Empezaba una nueva etapa para mí, aunque sabía de sobra que todos los principios eran difíciles y que nadie me iba a regalar nada. Era una lucha constante entre mi mente y mi cuerpo.

Estuve semanas y semanas sin coger llamadas ni responder mensajes. No quería que algo me atara a quedarme, estaba bien, pero no lo suficiente como para seguir enfrentando mis miedos.

 

 

Vuelta a la Normalidad

338655c842fedb980cb3f2e1c504db59--tattoo-ideas-hd-wallpaperUnos días más tarde cuando mi cuerpo y mi mente dejaron de pelearse, entendí que quizás no había hecho las cosas lo mejor que pude.
Aún así, no era el momento.

Rafa me estuvo llamando durante días, mandando mensajes, pero ni siquiera obtuvo respuesta.

Cuando volví al pueblo lo primero que hice fue ponerme a buscar trabajo fuera de España, a mirar ofertas y destinos donde poder ir a trabajar, donde volver a huir de todo.

Aprender otras culturas, otro idioma y enseñar a los demás todo ese potencial que tenía dentro y que hacía mucho tiempo que nadie era capaz de sacar.

Ahora no era tiempo de pensar en el amor, ni en los demás, ni siquiera en los míos. Era tiempo de creer en mí y hacer todo lo que estuviera en mi mano por salir del pozo en el que me encontraba.

Pasaron un par de días, cuando por sorpresa al abrir el correo me encontré con un mensaje que decía así:

“Buenos días, nos dirigimos a usted para ofrecerle un puesto de trabajo como profesora particular y cuidadora durante seis meses, en una pequeña ciudad de Australia. Nos gustaría, si usted está interesada, que se pusiera en contacto lo antes posible. Un saludo.”

Sin presiones, pero con miedo

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Y ahí, en ese mismo instante en el que la cabeza me daba vueltas, mis sentimientos estaban a flor de piel y ni yo misma me sentía siendo yo, fue cuando tomé una de las mejores decisiones de mi vida. Entré en casa, preparé una mochila y me fui con él a pasar la mejor noche de hacía mucho tiempo.

Volví al coche y nos fuimos a su hotel, nos llenamos de besos, de caricias, de sexo. Hicimos todo lo que nos apetecía y sobre todo hablamos durante horas.

Me sentía llena de magia, de cariño. Joder, ahora sí.
No quería hacer de esto un drama, no quería levantarme por la mañana y sentirme mal o estúpida, así que disfruté todo lo que estaba en mi mano.

Acostada a su lado pasaban por mi mente miles de preguntas, sensaciones y emociones. Estaba a gusto pero no del todo.
Quizá era todo el miedo que llevaba arrastrando hace años lo que me llevó a no poder pegar ojo en toda la noche.

Me desperté aún con él a mi lado. Me empecé a vestir y pensaba irme sin siquiera despedirme, pero él se despertó me cogió de la mano y me besó.

¿Te ibas a ir sin despedirte siquiera ?

No lo sé, ahora mismo no me apetece estar aquí. Necesito aire, espero que lo entiendas.

Él agachó su cara y me dijo:

“Vale, no quiero presionarte, siento si he hecho algo mal. ”

Asentí con la cabeza, abrí la puerta y me fui. Mientras bajaba en el ascensor miles de lágrimas recorrían mis mejillas…
Me llamaréis bipolar pero algo en mí aún seguía roto.

Mariposas en el estómago

4bd41252710063c7e62e242c505e107aMe mandó la ubicación de donde se encontraba y fui con mi coche hasta allí. Llevaba unas pintas que no os las podéis imaginar. El pelo medio desecho, una sudadera ancha y unos leggings. Aún así no me importó mucho, me podían más las ganas de verle.

Llegué y allí de pie tan arreglado como siempre, tan alto, tan moreno. Nos saludamos con dos besos, ya no era un apretón de manos. Cada vez cambiaban más las cosas y aunque me daba un miedo terrible poder cogerle cariño, no me importaba en este preciso momento.

Nos sentamos a tomar un café. Hacía frío y era mejor tomar algo calentito. Le pregunté sobre porqué había venido a la ciudad. Su respuesta sin más vueltas fue:”Quería verte.”
Me dejó de piedra.

Pasamos el resto del día juntos. Me estuvo enseñando algunos trucos sobre fotografía. Fue en uno de esos momentos en los que te encuentras muy concentrada mirando lo que te enseñan cuando me besó.

Toda la piel de mi cuerpo se erizó, todas las emociones que sentía se acumularon en mi estómago y no supe qué hacer. Me quedé parada, sin moverme, incluso él lo notó.

Lo siento si te ha molestado, soy un estúpido.

No, en serio, no pasa nada, es solo que no me lo esperaba.

Me apetecía hacerlo, me apetecía saber que sentiría si te tenía tan cerca.

Yo…yo… No estoy preparada para esto.

Pero joder ¿estaba ciega? Un chico como él, que había venido a verme solo porque le apetecía, que me escuchaba y se interesaba por saber de mí ¿qué hago? ¿Me lanzo al mar? ¿Me pego coscorrones contra la pared?

Sin palabras

Camara-en-la-arenaEsa noche, tras todos los pensamientos que se encontraban en mi cabeza me dije a mí misma: “Si no es con amor, cómo piensas reconstruir todas las ruinas que llevas dentro.”

Y ahí entendí que no estaba viviendo, que necesitaba comerme el mundo, viajar y seguir mi vida, que se acabó el estar bajo las faldas de Mamá y Papá, que era hora de conocerme, saber quién era de verdad, tener claro que la vida me seguiría dando sorpresas.

Esa noche no pude dormir. Empecé a hacer una lista de todas las cosas que me quedaban por hacer, sueños por cumplir y retos que alcanzar.

Solo me quedaban dos días en la ciudad y quería aprovecharlos como nunca.

A la mañana siguiente me abrigué, cogí mi cámara de fotos y me fui a la playa, a correr, a reconocer ese olor peculiar que tenía la arena mojada, a respirar el aire de mi lugar favorito.

Tenía claro que si algo no iba bien me sentaría en la orilla de la playa a escuchar el mar. Era mi calma y mi consuelo cuando todo lo que había alrededor no tenía sentido.

Me apetecía ver a Rafa, algo en mi quería saber más de él. Le escribí un mensaje que decía así:

“Tengo ganas de disfrutar de unos cuantos momentos a tu lado.”

Al momento contestó:

Quizás no estemos tan lejos como te imaginas

Me dejó sin palabras, ¿no estábamos tan lejos?
Solo nos separaban unas ocho horas en coche y un par de paradas para comer, dormir y descansar.

Seguí paseando y realizando unas fotos. El mar estaba en calma y hacía un sol. Fue impresionante aquel día. De repente una llamada me sorprendió.
Rafa estaba en la ciudad. No me lo podía creer, no era posible, pero este chico estaba loco, no me entraba en la cabeza, Algo tenía que hacer, tenía que verle…